Felix Mendelssohn – La tragedia de la perfección

Felix Mendelssohn Bartholdy_1821La muerte de Felix Mendelssohn en 1847 a los 38 años de edad fue recibida con enorme duelo por las sociedades cultivadas de toda Europa. Reconocido como niño prodigio por el mismísimo Goethe y admirado por reyes y por las personalidades musicales más relevantes de su tiempo, Mendelssohn encarnó como nadie el ideal del Romanticismo musical de la era Biedermeier.

El descrédito con el que sería sentenciada esta época se volvería en contra del compositor socavando hasta lo más profundo su significación y valía, de modo que incluso a 200 años de su nacimiento todavía resultará instructivo indagar si de veras fue Mendelssohn un compositor digno de su fama.

Podemos imaginar lo mucho que llevaría recopilar los comentarios despectivos a cargo de la obra de Mendelssohn, si contamos con que un especialista respetuoso y ponderado como Charles Rosen se permite despachar en su obra La generación romántica el estilo mendelssohniano como “kitsch religioso”. O que Philip Radcliffe y Eric Wiener, cuyas biografías (publicadas en 1954 y 1963 respectivamente) pretendieron restaurar la vapuleada imagen del compositor, y pese a ello despellejaron sin miramientos su música allí donde lo consideraron oportuno.

Parece que Mendelssohn se hubiera convertido en la diana fácil contra el cual hasta el diletante con pretensiones pudiera arrojar impunemente sus dardos, situándose por encima del aficionado medio (amante por lo general de su Concierto para violín, la música incidental para El sueño de una noche de verano o las Sinfonías “Escocesa” e “Italiana”) y de toda réplica.


El Mendelssohn más popular

Felix Mendelssohn – Obertura “Las Hébridas” op.26 [1830].

Felix MendelssohnEl sueño de una noche de verano – nº10 Marcha nupcial [1842].

Felix Mendelssohn – Concierto para violín op.64 – I. Allegro molto appassionato [1845].

Se suele fechar el inicio de la campaña de acoso y derribo contra el compositor en 1850, a tres años de su fallecimiento y a dos del colapso de la Europa de Metternich tras las Revoluciones de 1848. En septiembre del citado año, el periódico con sede en Leipzig Neue Zeitschrift für Musik publicó un incendiario artículo titulado Das Judenthum in der Musik (Del judaísmo en la música) firmado por un tal K. Freigedank (Richard Wagner en seudónimo), donde se acusaba a la música de Mendelssohn de ser “dulce y tintineante, pero sin profundidad”, y de falta total de originalidad.

Partícipe él mismo en las barricadas revolucionarias de Dresde y obsesionado con la música de Mendelssohn, de la que fue temprano admirador, Wagner interpretaría para sus allegados, y hasta los últimos años de vida, su música para piano, para criticar una y otra vez su “pobreza de invención” y su “excitabilidad semítica”.

Pese a lo paranoico de dicho ritual, no corresponde a Wagner, sino a Heinrich Heine, poeta del Romanticismo a cuyos textos puso música el mismo Mendelssohn, el dudoso honor de ser el pionero, pues ya en 1842 se refirió a su oratorio neobachiano Paulus como “una obra inteligentemente calculada y carente de toda inocencia”, para añadir a continuación que no ha existido en el mundo obra de arte alguna sin inocencia.

English: The Portrait of Felix Mendelssohn

Retrato del compositor Felix Mendelssohn (1809-1847)

Estos dos atributos, la “superficialidad” denunciada por Wagner y la “insinceridad” señalada por Heine, se demostraron con el tiempo demoledores contra el enorme prestigio de la herencia mendelssohniana, permitiendo a George Bernard Shaw situar al compositor en 1889 “fuera de la lista de compositores de primera fila” y a Sir Donald Tovey proclamar en 1911 en la Enciclopedia Britannica que “la reputación de Mendelssohn, salvo por unas pocas e inexplicables obras orquestales plenas de belleza y originalidad, se ha evaporado”.

Sin embargo, cabe preguntarse si la rápida difusión y aceptación de dichas acusaciones y su inveterada resistencia a someterse a un análisis crítico no obedecen a su encaje en un sistema de prejuicios más profundo: la “superficialidad” como inevitable resultado del bienestar material del compositor, la “insinceridad” como inseparable rasgo del judío converso

Sin el doble rasero inducido por estos prejuicios no se entiende que lo que en Mozart es precoz genialidad deba interpretarse en Mendelssohn como infantil impersonalidad, lo que en Schubert es suprema sensibilidad en Mendelssohn no pueda ser sino hipócrita sensiblería y lo que en Brahms se ensalza como rigor formal se denomine en Mendelssohn cuadriculado conservadurismo.

El Mozart del Romanticismo

En efecto, la acomodada posición de Mendelssohn, así como su privilegiado contacto con la cultura desde la más temprana edad, hicieron humanamente imposible que tanto sus detractores (Wagner) como sus más fieles colegas (Schumann) no envidiaran en mayor o menor grado su buena fortuna.

Perteneciente a una familia de banqueros judíos liberales e ilustrados, asentados en Berlín desde 1811, Mendelssohn no sólo fue un competente violinista y violista, o un consumado intérprete e improvisador en el piano y el órgano, sino que aprendió a hablar alemán, francés e inglés y a leer latín y griego.

Excelente dibujante y acuarelista, recibió clases de los mejores profesores de su tiempo: de piano con Ignaz Moscheles, de contrapunto y composición con Carl Friedrich Zelter. Asistió además en la Universidad de Berlín a las clases de Estética impartidas por Hegel, de Historia por Eduard Gans y de Geografía por Carl Ritter. Por si fuera poco, los hermanos von Humboldt (el lingüista y ministro y el naturalista y explorador) fueron asiduos de la casa paterna, acabó siendo cuñado del matemático Lejeune Dirichlet e incluso fue presentado al anciano Goethe a los 12 años de edad, quien quedó sorprendido por la conversación madura y cultivada del joven Mendelssohn frente al parloteo infantil de Mozart, a quien tuvo ocasión de conocer cuando éste era niño unos 60 años atrás.

Mendelssohn aged 12 (1821) by Carl Joseph Begas

Mendelssohn a la edad de 12 años.

Compositor precoz, si bien no tanto como el salzburgués, los comentaristas han destacado a su favor la mayor madurez y complejidad de obras tempranas como el Octeto op.20 (compuesto a los 16 años) o la obertura para El sueño de una noche de verano (a los 17), sin parangón en el catálogo mozartiano a esas mismas edades.

Con un aprendizaje basado en el estudio de los estilos de los grandes maestros del pasado (Carl Philipp Emanuel Bach para sus 12 Sinfonías para cuerda, Beethoven para los Cuartetos op. 12 y op. 13, Bach padre para Paulus y Händel para Elías, entre otros), Mendelssohn adquirió un bagaje técnico extraordinario que demuestra en grado sumo en su inigualado dominio del contrapunto (de forma altisonante a veces, como en la obertura de Paulus, pero impresionante otras, como en el coro inicial de su cantata “O Haupt voll Blut und Wunden” o en los cuartetos de cuerda).

Así, no es de extrañar que cuando los nazis prohibieron la música de Mendelssohn y requirieran a Hans Pfitzner y a Richard Strauss que compusieran música para El sueño de una noche de verano, ambos se negaran, aduciendo la imposibilidad de alcanzar la calidad de la música del compositor hamburgués.

Un proyecto nacional

En 1879 escribía Richard Wagner en el North American Review un artículo para el público estadounidense en el que planteaba que Mendelssohn “fue el salvador de la música de salón, pero en sus manos la música de concierto y de iglesia también se convirtieron en música de salón”. Insistía con ello malévolamente en identificar al compositor con las limitadas aspiraciones estéticas pequeño-burguesas que constituyeron, sin duda alguna, el sustrato sociológico y cultural de la obra mendelssohniana (aspiraciones, por otro lado, que son comunes en mayor o menor grado al Romanticismo alemán en su totalidad, tanto en la música como en otras disciplinas artísticas).

La fijación de Wagner por empequeñecer la memoria del que fuera uno de sus referentes de juventud es explicada por Leon Botstein en base a la idea de que tanto el uno como el otro aspiraron secretamente a una meta mucho más ambiciosa: refundar las bases de la vida musical alemana. Es éste el estímulo que explica la enorme actividad desplegada por Mendelssohn en ámbitos tan diversos, como el reestreno de 1829 de La Pasión según San Mateo de Bach tras casi un siglo de olvido, la dirección musical de la Gewandhausorchester o la fundación del Conservatorio de Leipzig en 1843, que llegó a ser en poco tiempo uno de los más modernos y prestigiosos de Europa (junto al de París), además de uno de los primeros en incorporar la cátedra de composición.

El proyecto nacional mendelssohniano se inscribía en la línea defendida por su compañero de fatigas Schumann en contra del “filisteísmo” musical, esto es, la creciente invasión de los salones, teatros, iglesias y espacios de ocio urbano alemanes por modas musicales extranjeras de valor artístico perecedero. Para combatir dicho envite era necesario acudir a los valores “eternos” de los antiguos maestros alemanes, desde Bach hasta Beethoven, pero también de los más próximos, como su admirado Schubert, de quien estrenó su Sinfonía nº9 en Do mayor “Grande” en 1839 (más de una década después de su muerte), y cuya figura, por entonces muy devaluada, contribuyó enormemente a restablecer.

"Das Judenthum in der Musik, wie es Richa...

Richard Wagner (1813-1883), compositor y azote de Mendelssohn y su música.

Mendelssohn entendió también que la reivindicación de la memoria cultural no iba a tener efecto ninguno si no se producía simultáneamente una actualización de las viejas formas (¿cómo podría disfrutar el público romántico de un cuarteto de Mozart si sus códigos le eran desconocidos, debido a la ausencia de modelos más cercanos en el tiempo y la sensibilidad?).

Sus compañeros de generación más dotados, como Chopin, Schumann y Liszt, parecían haber ignorado los grandes géneros del pasado, como la sonata o la música de cámara, incapaces quizá de infundirles el aliento romántico sin descomponerlas. Fue Mendelssohn quien hizo realidad esta aspiración encarnando la que sería la corriente principal de la música instrumental europea del siglo XIX (al menos en Alemania y en la Europa bienpensante).

Una corriente sustentada tanto en el gusto del público –de cuyo favor incondicional disfrutó hasta las postrimerías del siglo–, como en el peso de instituciones musicales de corte conservador (sociedades filarmónicas, conservatorios, etc.), en las que fue literalmente idolatrado como el último de los grandes (tras Bach, Mozart y Beethoven).

Este aspecto debería hacernos dudar sobre la validez de hipótesis como la expresada por Daniel Barenboim, según la cual “si Mendelssohn no hubiera existido, el desarrollo de la música habría sido el mismo”, pues fue Mendelssohn quien restauró la línea que ligaría a los grandes maestros del pasado con grandes figuras del futuro y quien definió, en mayor medida que cualquier otro compositor, la corriente principal del Romanticismo alemán del siglo XIX, aquélla a partir de la cual se habría de posicionar cualquier compositor alemán con aspiraciones de eternidad.

Podría afirmarse por tanto que sin Mendelssohn no habría sido posible -vía Schumann- un Brahms -profundo admirador de su música-. Y que sin Brahms, ni Mahler ni Schönberg habrían sido los mismos. Ni siquiera un gran detractor como Wagner habría sido el mismo pues, como arguye Botstein, el credo estético del sajón parece estar definido punto por punto en relación con Mendelssohn… Eso sí, como antítesis.


Mendelssohn y su proyecto nacional

Johann Sebastian Bach – La pasión según San Mateo BWV 240 – nº1 Coro inicial [ca.1727].

Franz Schubert – Sinfonía nº9 “Grande” – I. Andante. Allegro ma non troppo [ca.1826].

Felix Mendelssohn – Cantata nº4 – 1er mov. Coral “O Haupt voll Blut und Wunden”[1830]. .

El precio de la asimilación

Junto a la tradición, el otro pilar sobre el que se sustentó el proyecto nacional mendelssohniano fue la fe luterana. Mendelssohn deseó para su música el poder aglutinador de la religión, aspirando a una simbiosis entre arte, religión y estado de raíz netamente hegeliana que explica la importancia cuantitativa y cualitativa de su producción coral.

El tema de la religión nos conduce al espinoso asunto de sus orígenes hebreos. Fue el padre de familia, Abraham Mendelssohn, quien tomó la difícil decisión de romper con la religión judía: convenció a su esposa para que sus hijos varones (Felix y Paul) no fueran circuncidados al nacer, les bautizó junto a sus hermanas Fanny y Rebekah en 1816 y finalmente recibieron el bautismo ellos mismos en 1822. Pese a las veladas sospechas de sus detractores, la conversión de los Mendelssohn obedeció a una sincera convicción en la supuesta superioridad racional del luteranismo frente al carácter “disgregador”, “supersticioso” y, en última instancia, escasamente “patriótico” del judaísmo.

Pese a todo, los Mendelssohn debieron luchar toda su vida contra las suspicacias que sus orígenes despertaban en una puritana sociedad que se veía obligada a acogerles como iguales, y en este sentido puede decirse que Felix logró un triunfo doblemente meritorio al erigirse en la personalidad musical más respetada de Alemania y hacerlo, además, imponiéndose a los prejuicios raciales de sus compatriotas.

Su tenaz voluntad de asimilación, heredada de su padre, aparece como la responsable tanto del sentido de la perfección al que se sometió en todos los órdenes de su vida –como hijo, como marido, como padre, como ciudadano, o como compositor– como de sus desórdenes psíquicos (frecuentes jaquecas, insomnios y cambios repentinos de humor) y, en última instancia, de su prematura muerte.

Henry Chorley, crítico musical y amigo del compositor, escribió que “había algo de tragedia hamletiana en la carrera operística de Mendelssohn. Durante 18 años rechazó proyectos uno tras otro porque buscaba la perfección, y cuando por fin superó sus escrúpulos y se decidió por un tema [Die Lorelei], marchó a la tumba con apenas unos fragmentos compuestos”.

Esta misma tragedia tuvo eco también en su vida personal, esta vez en relación con uno de sus seres más queridos, su hermana Fanny. Tras una infancia marcada por el inmenso talento musical y cariño mutuo de ambos hermanos, la relación soportó un duro trance cuando Fanny debió renunciar a la carrera de compositora por imperativo paterno, pues para Abraham en una mujer “la música debía ser un ornamento y no una profesión”.

Portrait of Fanny Hensel, 1842, Oil on canvas

Fanny Hensel, compositora y hermana del compositor Felix Mendelssohn.

Tras el fallecimiento de éste en 1835, una cada vez más frustrada Fanny buscó de forma reiterada la aprobación de su hermano para publicar su primer opus, pero Felix, quien sentía que debía respetarse la voluntad paterna, esgrimió diversas razones para no hacerlo.

El 9 de julio de 1846 Fanny le escribió una carta comunicándole su decisión irrevocable de publicar, y un mes después escribe en su diario: “Al fin Felix ha escrito apoyando mi decisión de la manera más amable. Sé que en el fondo de su corazón no lo aprueba del todo, pero me alegra que me haya transmitido su apoyo”. Poco tiempo después explica a Felix (carta del 26 de agosto de 1846): “Me parece ridículo haber pensado hace 10 años que era demasiado tarde para dedicarme a la composición, cuando ahora lo es mucho más […] Pero dado que ahora te muestras tan bien dispuesto con mi decisión, puedo reconocer lo engreída que he sido [por no haberle dedicado su op.1] y anunciarte la próxima publicación de seis lieder”.

Fanny y Felix se vieron por última vez a mediados de diciembre. La aceptación de la nueva situación les permitiría cerrar heridas y recuperar su relación de antaño. Ella le reprochó no haber pasado junto a ella sus últimos cumpleaños, a lo cual Felix le prometió asistir al próximo. El 14 de mayo de 1847 Fanny ensayaba al piano La primera noche de Walpurgis de su hermano cuando le sobrevinieron varias pérdidas de sensación en las manos, que recuperó tras lavárselas con vinagre caliente. Pasados unos minutos su hermano Paul la encontró agonizando y murió unas horas después. Cuando le fue transmitida la noticia a Felix en Frankfurt el día 18, cayó al suelo fulminado.

Tras un retiro terapéutico en Suiza, se refugió en la pintura y en la planificación de proyectos en Berlín y Londres. El 9 de octubre de 1847 Mendelssohn sufrió un primer ataque. Sometido a una cura de reposo y sangrías, los dolores de cabeza parecieron remitir cuando el día 29 sufrió otro ataque que le dejó sin habla un cuarto de hora. Durante los días siguientes, a las jaquecas se unieron desórdenes mentales que lo arrastraban de la lucidez a la demencia en pocos segundos. Un tercer ataque sufrido el 3 de noviembre le postró hasta su fallecimiento un día después. Felix tuvo ocasión de cumplir la promesa dada a su hermana, pues su cuerpo fue sepultado junto al de Fanny, quien habría cumplido los 42 años el 14 de noviembre.

Poco antes de morir, Felix había compuesto la obra más sombría de su catálogo, el Cuarteto op.80, una suerte de Requiem por Fanny revelador de un universo expresivo inédito en el compositor, lleno de angustia y remordimiento. Podríamos aceptar, como el norteamericano Henry Mencken, que si Mendelssohn no llegó a alcanzar la verdadera grandeza, “le faltó el grosor de un pelo”. Quizá el destino trágico de Mendelssohn fue que se lo llevara la muerte justo cuando comenzaba a liberarse de su infalible sentido de la perfección y tuvo la primera oportunidad de reinventarse a sí mismo.


Mendelssohn y la muerte

Felix Mendelssohn – 12 canciones op.8 – nº4 Erntelied [ca.1828].

Felix Mendelssohn – La primera noche de Walpurgis op.60 – nº1 Obertura [ca.1843].

Felix Mendelssohn – Cuarteto de cuerda nº6 op.80 – II. Allegro assai [1847].

DESCARGAR EL ARTÍCULO COMPLETO EN PDF

Anuncios

Me gustaría conocer tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s