Beethoven – Sinfonía nº5 en Do menor, 4º movimiento

beethoven_furtwanglerLa rotundidad conceptual, unida a la severa claridad formal (rayana en el esquematismo) de la quinta sinfonía beethoveniana ha convertido a ésta en una obra única en cuanto a su poder para inspirar debates acerca de su ideología y su significado.

En este segundo artículo dedicado a esta obra (tras el dedicado al Allegro inicial), analizaremos su cuarto movimiento y profundizaremos en el sentido estético, filosófico y político de esta sinfonía, de acuerdo con una tradición interpretativa iniciada por E. T. A. Hoffmann y culminada por Theodor Adorno en sus ensayos acerca del tema, recopilados en la obra Beethoven. Filosofía de la música.

Entre el formalismo y la fenomenología

El debate acerca de sentido de la Quinta arrancó, como hemos adelantado, de la pluma de E. T. A. Hoffmann, quien publicó en julio de 1810 en el Allgemeine Musikalische Zeitung una encendida crítica de la obra que constituye en sí misma un manifiesto fundamental del formalismo musical. En ella sitúa a la música como la más elevada entre las artes románticas, y a la música instrumental como la más alta entre todas las músicas, porque “desprecia cualquier tipo de ayuda, cualquier mezcla con otro tipo de arte”. Hoffmann ensalzó con inflamada vena literaria la intensidad emocional de la sinfonía, pero (y esto es lo que resulta verdaderamente novedoso) atribuye esta capacidad expresiva al genial empleo de la armonía y a la coherencia y sobriedad de su estructura interna.

A partir de este momento, serán muchos los comentaristas (entre ellos Berlioz, Liszt y Wagner) que abunden en la teoría de la alianza entre poder comunicativo y autosuficiencia formal en la Quinta, aunque habrá que esperar al siglo XX para que Theodor Adorno plantee la que podría ser la clave más certera acerca de la misteriosa razón que convirtió esta sinfonía en la quintaesencia del Romanticismo alemán: la filosofía hegeliana.

Litografía que muestra a Hegel dando clases en la Universidad de Berlín.

Litografía que muestra a Hegel dando clases en la Universidad de Berlín.

Desde este punto de vista, la Quinta constituye una perfecta transposición musical de algunos de los símbolos fundamentales del Romanticismo, tal como quedaron establecidos en monumentos fundacionales del pensamiento romántico alemán como el Fausto de Goethe o la Fenomenología del Espíritu de Hegel.

La enorme coincidencia de que tanto Beethoven como Hegel, dos titanes de la cultura alemana, nacieran en el mismo año (1770) y dieran a conocer sus obras más idiosincráticas en el mismo año (1808 es también el año de publicación de la Fenomenología), no hace sino alimentar la magia que rodea este tipo de conjunciones históricas.

Partiendo de la clave hegeliana, pero apartándonos de Adorno en su desarrollo, podríamos resumir esta conexión indicando que en el escenario dialéctico hegeliano entran en juego el enfrentamiento de elementos contrarios, el estado de crisis y la sucesión orgánica de diferentes estadios, todo ello sin menoscabo de la identidad y continuidad de la cosa, que permanece siendo ella misma a pesar de las continuas transformaciones.

La Quinta como recorrido espiritual

Como vimos en nuestro análisis del Allegro inicial de esta sinfonía, la individualidad del primer movimiento resultaba de la potenciación de las cualidades dialécticas de la forma sonata (contraste, desarrollo, etc.). Este elemento dialéctico persiste de forma más sutil en el Andante, entre la tonalidad de partida (La bemol mayor) y los toques de fanfarria en Do mayor que, a modo de premonición, parecen anunciar la apoteosis final del cuarto movimiento, encarnada en la hiperbólica (y nada sutil) reiteración de la tónica (y de la resolución V-I) en fortissimo durante nada menos que 55 compases.

"Per aspera ad astra".

Per aspera ad astra“.

Por otro lado, la presencia de un factor cíclico -reforzado mediante la reaparición del motivo principal en toda su trágica estatura en el Scherzo, y su retorno a modo de reminiscencia en el Finale-, así como la transición sin solución de continuidad entre estos dos movimientos, confieren a la sinfonía la ilusión de que nos encontramos ante un recorrido vital continuo, no ante los cuatro segmentos independientes característicos de la sinfonía clásica.

El elemento que confiere sentido al conjunto reside, no obstante, en el perfil global trazado por la sinfonía, al que tantas veces se han referido los críticos mediante la locución latina “Per aspera ad astra” (“A través del esfuerzo, el triunfo”), o el tránsito de las tinieblas a la luz: La resolución de las contradicciones en Hegel siempre supone el acceso irreversible a un estadio superior, y en la Quinta de Beethoven el ascenso está condicionado tanto por el triunfal crescendo hacia el Do mayor que enlaza el Scherzo con el Finale (“un deslumbrante y cegador rayo de luz solar que de pronto ilumina la oscuridad de la noche”, en palabras de Hoffmann) como por la negrura expresada en los movimientos previos (cuya música había alcanzado, también según Hoffmann, los más altos “niveles de horror, temor, asombro y dolor”).

Análisis del 4º movimiento. Allegro vivace

El cuarto movimiento (en Do mayor) tiene forma de allegro de sonata. Consta de una Exposición con tres temas principales, Desarrollo, Recapitulación y una extensa Coda.

La Exposición consta de dos secciones A y B (en Do mayor y en Sol mayor, respectivamente). La Sección A expone el Tema A (un triunfal motivo de fanfarria) y establece una sección semicadencial. La transición introduce un motivo de irresistible empuje que es utilizado para conducir la modulación a Sol mayor y concluir en una semicadencia.

La Sección B consta de dos temas principales: El Tema B1 está basado en un enérgico motivo anacrúsico en tresillo de corcheas que, tras un exaltado pasaje en armonía errante desemboca en una semicadencia que enlazará con un nuevo tema. El Tema B2, basado en un motivo descendente de negras tratado de forma contrapuntística, es introducido inicialmente en dinámica piano para crecer progresivamente y enlazar (mediante potentes acordes con la dominante de Do) con el inicio de la Exposición.

El Desarrollo se inicia con el Tema B1, tras un brillante giro a La mayor (VImaj) que después derivará a Fa mayor (IV). Pronto se independiza del acompañamiento un motivo auxiliar de 4 notas en los bajos que adquirirá un gran protagonismo durante el desarrollo, recombinándose con el motivo del Tema B1, y avanzando por las tonalidades Si bemol mayor (bVII), Si bemol menor (bVIIm).

Llega a continuación la intervención estelar de los trombones, quienes se hacen cargo del motivo auxiliar, prestándole relieve e introduciendo las tonalidades de Re bemol mayor (bII) y Re bemol menor (bIIm), pasando después el motivo en Fa menor (IVm) a los violines, que conducen finalmente la obra a un pedal de la dominante de la tonalidad principal (Do mayor) en el que volverán a recombinarse los dos motivos principales utilizados durante el Desarrollo.

En lugar de enlazar con la Recapitulación, la dominante anterior queda suspendida y da paso a una nueva sección en Do menor que recupera el motivo de cuatro notas del Scherzo y recapitula de forma abreviada la transición del Scherzo al Finale para emular así la entrada (en la Recapitulación) del triunfal Tema A.

La Recapitulación discurre sin sorpresas significativas. El Tema A se expone de forma idéntica a como se hizo en la Exposición. La transición efectúa las modificaciones pertinentes para evitar el cambio de tonalidad y las secciones B1 y B2 transcurren sin sobresaltos en Do mayor, hasta dar paso a la extensa y triunfal Coda, .

La Coda recupera los dos motivos principales del desarrollo hasta conducirlos a unos acordes aparentemente conclusivos. Los fagotes introducen un motivo extraído de la transición, que circulará por la orquesta hasta enlazar con una stretta (pasaje acelerado) que reúne el motivo de cuatro notas del Desarrollo con el Tema A para concluir com una desaforada prolongación de la tónica (55 compases).

Una sinfonía para el siglo de las revoluciones

La Revolución Francesa y las Guerras napoleónicas (1803-1815) que sucedieron a ésta fueron vistas -desde la seguridad que confería la distancia geográfica- como la aurora de un nuevo mundo en el que el hombre corriente tomaría conciencia de su capacidad transformadora en los ámbitos social y político, de un modo sólo comparable al de los antiguos atenienses, cuyo espíritu decayó (y con él el de la humanidad) precisamente cuando dejaron de ser hombres libres para pasar a ser súbditos.

Litografía que representa el pueblo en armas en tiempos de la Revolución Francesa de 1789.

Litografía que representa el pueblo en armas en tiempos de la Revolución Francesa de 1789.

Beethoven se contó, al igual que Hegel, entre las gentes ilustradas alemanas que contemplaron con una mezcla de ansiedad y esperanza estos trascendentales sucesos. Su capacidad de traducir en sonidos el espíritu de estos trascendentales acontecimientos (especialmente es sus obras más políticas, como la Tercera, la Quinta, la Novena, o su ópera Fidelio) no solo fue inmediatamente reconocida por sus contemporáneos (algo natural, dada la moda “revolucionaria” y “militar” que invadió la música vienesa de la época), sino que se consolidó a lo largo del siglo, hasta convertir su música en todo un icono musical de este momento histórico.

Si bien el pensamiento político beethoveniano encerró sin duda ese tipo de ingenuidad idealista típicamente alemana -mezcla de libertarismo revolucionario y tradicionalismo conservador- que llevó a su pueblo a despreciar la democracia por su defectuosa vulgaridad durante todo el siglo y parte del siguiente, lo cierto es que el compositor logró capturar en obras como la Quinta un ideal muy semejante al descrito minuciosamente por el pensamiento hegeliano. Y además lo hiciera por partida doble:

Por un lado, por las concordancias ya comentadas con la Fenomenología. Pero por otro, porque -de acuerdo con la conocida máxima hegeliana- en ella lo ideal acabó identificándose con lo real: Esto es, el mensaje de la Quinta no es el resultado de un calculado y consciente plan retórico, sino el espejo en el cual aún hoy somos capaces de ver reflejadas las incertidumbres e inquietudes de una nueva era del espíritu: los “deslumbrantes y cegadores rayos de luz solar”, así como “el horror, el temor, el asombro y el dolor” reconocidos en su día por Hoffmann.

Vídeos recomendados

Hemos situado el inicio de ambos vídeos en la transición que enlaza el Scherzo con el Finale.

En el primer vídeo puede seguirse la partitura completa de la Sinfonía nº5 de Beethoven, con las maderas en la columna izquierda, las cuerdas en la central, y los metales y timbales en la derecha.

En este segundo vídeo, la obra enconcierto, con Daniel Barenboim al frente.

2 comments

  1. Magnífico y didáctico análisis de este enérgico movimiento. Me gustaría felicitarle por estos blogs (tanto éste como el de “El oído Armónico”). Es una suerte contar con esta fuente de conocimiento tan bien explicada. Me gustaría compartir una sutileza que aparece al final de este movimiento (algo en lo que no habría caído sino hubiese sido por la ayuda de un amigo contrabajista): y es que, después del “stretto” justo cuando comienza el presto final, en las voces graves (cello, contrabajo y contrafagot) aparece la famosa célula rítmica del primer movimiento [Sol-sol-sol- Do]. Me parecía interesante compartirlo. De nuevo mil gracias. Un saludo

Me gustaría conocer tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s