Richard Rodgers – “My funny Valentine” (Análisis)

babes_in_arms_logoEl musical estadounidense se enmarca en una tendencia más global de diversificación de los formatos de teatro musical iniciado durante la segunda mitad del siglo XIX. Tras unos inicios turbulentos y artísticamente poco prometedores, el género alcanzó durante los años 1920 una edad de oro que, gracias a su alianza con el cine sonoro, propulsó su difusión a escala planetaria hasta los años 50.

En este primer artículo dedicado al musical indagaremos en sus orígenes y estudiaremos uno de los números musicales más célebres de su edad de oro, “My funny Valentine” del musical Babes in arms [1937] de Richard Rodgers y Lorenz Hart.

El origen del musical estadounidense

Cartel del espectáculo The black crook, estrenado en Nueva York en 1866.

Cartel del espectáculo The Black Crook [1866], considerado como la primera opereta estadounidense.

Al tiempo que las principales escuelas operísticas europeas -italiana, alemana y francesa- elevaban sus aspiraciones artísticas reforzando la continuidad musical y ampliando la paleta orquestal y armónica, y que, en la periferia, las escuelas nacionales más pujantes -rusa, checa, húngara, etc.- se esforzaban por sintetizar formas autóctonas de teatro musical, en los grandes centros urbanos se gestaba un fenómeno transversal de apertura a nuevas audiencias a través de formatos más ligeros y frívolos -como la opereta francesa, inglesa o alemana, o en España, el género chico-, de naturaleza satírica y con ribetes más o menos pornográficos, de acuerdo con los estándares de cada época.

El origen del musical estadounidense se sitúa en uno de estos espectáculos, The Black Crook, estrenado en Nueva York en 1866. El empresario William Wheatley había encargado la obra al dramaturgo Charles M. Barras para presentarlo en su teatro, el Niblo’s Garden de Broadway. Cuando recibió la obra se encontró con un plagio de El cazador furtivo de Weber.

En un intento desesperado por salvar la producción, acudió a una compañía de ballet parisina que se había quedado varada en plena gira americana tras el incendio de un teatro, e integró sus números de baile en la trama. Durante los ensayos, el empresario encargó algunos números musicales extra a Giuseppe Operti, director de banda emigrado, e insertó canciones de otros compositores para “redondear” el proyecto.

El popurrí resultante -de cinco horas y media de duración, incluyendo los cambios de decorado- fue estrenado el 12 de septiembre con enorme éxito. La obra se mantendría en cartel durante dieciséis meses -474 funciones en un teatro de 3.200 plazas-, y sería repuesta durante las décadas sucesivas hasta en ocho ocasiones, solo en Nueva York, llegando a desembarcar en Londres en 1872.

Al éxito de la obra contribuyó de forma decisiva la espectacularidad de los decorados y de los efectos especiales (que incluían una transformación a la vista del público de una gruta en un palacio de hadas), así como la presencia de 70 bellas bailarinas, cuyos contoneos provocaron una cruzada moral azuzada desde distintos medios puritanos y promovida con especial ahínco por el reverendo Charles Smyth, lo cual no hizo sino aumentar el interés del público por el espectáculo (David Sanjek, The Oxford Handbook of The American Musical, 2011).

Setenta años después del estreno de The Black Crook, la escena musical norteamericana había cambiado por completo. La sucesiva irrupción del fonógrafo, la radio y el cine sonoro relegaron al teatro musical a una posición secundaria en términos estrictos de difusión, pese a lo cual continuó siendo un privilegiado proveedor de éxitos para estos medios. Además, tras el periodo de esplendor vivido por el género durante los años 20, la gran crisis financiera de 1929 supuso un profundo bache en la historia del teatro musical, que provocó que la mayor parte de sus protagonistas -compositores, letristas y arreglistas- se trasladaran a Hollywood en busca de oportunidades.

Richard Rodgers y Babes in arms [1937]

Ray McDonald, Mitzi Green y Duke McHale, protagonistas de Babes in Arms en el estreno de 1937.

Ray McDonald, Mitzi Green y Duke McHale, protagonistas de Babes in Arms en la producción del estreno de 1937.

La superación de los momentos más duros de la crisis desde mediados de la década de 1930 permitió un renacimiento del género. El retorno a New York de Rodgers y Hart se saldó con tres grandes éxitos sucesivos: Jumbo [1935], On your toes [1936] y, sobre todo, Babes in arms, estrenado en el Shubert Theatre de Broadway, New York el 14 de abril de 1937, y que recibió 289 representaciones. La producción contó con la coreografía de George Balanchine (quien preparaba en paralelo el estreno del ballet Jeu de cartes de Igor Stravinsky) y la orquestación de Hans Spialek, compositor de origen austriaco afincado en los EEUU desde los años 20.

La obra recupera un tono social y político habitual en el cine y los escenarios de la época de la gran depresión: Los hijos de una compañía de artistas son recluidos en una granja para apartarlos de la farándula, pero ellos se rebelan produciendo su propio espectáculo. En un reflejo de las actitudes y valores propios de la mentalidad liberal judía estadounidense del momento, los jóvenes -procedentes de las comunidades blanca, judía y afroamericana, algunos de ellos comunistas- establecen una serie de relaciones de amistad y solidaridad, aunque no exentas de conflictos, que ensalzan la igualdad de oportunidades, la tolerancia, la diversidad y la fuerza del grupo para promover cambios sociales (Jim Lovensheimer, South Pacific: Paradise Rewritten, 2010).

La obra fue elogiada por su frescura y originalidad (“hay muy poco de Broadway en ella”, escribió el crítico Brooks Atkinson en el New York Times), aunque la clave de su éxito residió en su contagiosa partitura y la inspiración de sus canciones, varias de las cuales -como “Johnny one note”, “Where or when” o “The lady is a tramp” se convirtieron inmediatamente en grandes éxitos. Cabe atribuir parte del mérito de este éxito a la labor de Spialek, cuyos orígenes centroeuropeos son inmediatamente reconocibles en la canción “My funny Valentine”, que incorpora una sorprendente reminiscencia straussiana en las tríadas disonantes de la celesta que colorean el acorde final del estribillo (ej.1) y que remiten al motivo de la rosa de plata de Der Rosenkavalier (ej.2).

valentine_rosenkavalier

(Los ejemplos musicales están tomados de un trabajo propio realizado para el Máster en Musicología de la Universidad de La Rioja en diciembre de 2016)

Autoría y concepto de obra en el musical estadounidense

Richard Rodgers y Lorenz Hart en la portada de la revista Time del 26 de septiembre de 1938.

Richard Rodgers y Lorenz Hart en la portada de la revista Time del 26 de septiembre de 1938.

El concepto de obra en el ámbito del musical difiere de forma significativa del acostumbrado en el ámbito clásico, como por ejemplo, en la ópera. Por un lado, porque en éste ámbito, la autoría recae generalmente en el compositor y el autor de la letra. El compositor es, de hecho, más conocido a través de las asociaciones con sus libretistas, como binomio Rodgers & Hart o Rodgers & Hammerstein. Por otro, porque el trabajo de orquestación (considerado inseparable de la composición en la tradición clásica) recae en un profesional con un reconocimiento artístico mucho menor, a menudo fronterizo con el anonimato.

Las implicaciones de este hecho son múltiples, e incluyen desde la propiedad intelectual y los derechos de autor hasta la propia materia musical. En contraposición a géneros colindantes al musical como la ópera, las reposiciones importantes de los musicales han venido acompañadas de importantes adaptaciones y/o nuevas orquestaciones. Pese a que Babes in arms no es un caso especialmente flagrante en este aspecto, cuenta con dos ediciones, ambas aprobadas por Rodgers: la original de 1937 y el revival de 1959, conocida como versión Oppenheimer, que extirpa de raíz las cuestiones políticas y sociales. La complejidad aumenta de forma exponencial en el caso de las canciones que logran independizarse de su obra matriz y han desarrollado una trayectoria propia en el cine o en el disco, pues en este caso han contado siempre con orquestaciones (o arreglos) nuevos adaptados a las modas de cada momento y al estilo individual de cada artista.

Debido al escaso interés por las “versiones originales” en el ámbito del musical, han sido numerosos los casos en los que se ha perdido para siempre las orquestaciones, situación que se ha resuelto en algunos casos –especialmente a partir de los años 80– con la restauración de las partituras originales, bien a partir de materiales incompletos, registros sonoros antiguos, o la memoria de sus responsables, en el caso de que continuaran con vida. El propio Hans Spialek -como sabemos, autor de la orquestación original de Babes in arms-, colaboró en la restauración, a principios de los años 80, de las partituras originales de los musicales On your toes [1936] de Rodgers y Anything goes [1934] de Cole Porter.

El lento ascenso de “My funny Valentine”

Mickey Rooney y Judy Garland en el film Babes in arms [].

Mickey Rooney y Judy Garland en el film Babes in arms [1939].

La canción “My funny Valentine” pasó inicialmente desapercibida frente a otras pertenecientes al mismo musical, que sí alcanzaron una notable difusión de forma inmediata. No fue grabada por ninguno de los miembros del reparto original, fue omitida en el film Babes in Arms de 1939 -que contó con las estrellas Mickey Rooney y Judy Garland– y tampoco figura en la primera antología fonográfica dedicada a Rodgers y Hart (Lee Wiley, 1940), aunque sí lo hará en una segunda de 1954. “My funny Valentine” tampoco aparece en dos nuevas antologías publicadas en 1946 por los sellos RCA y Columbia, aunque consiguió subir tímidamente al 16º puesto de la lista Billboard en 1945 gracias a una versión para orquesta de baile a cargo de Hal McIntyre, saxofonista de la orquesta de Glenn Miller.

Al parecer, la canción permaneció viva en la sombra gracias a unos pocos cantantes de cabaret de New York -como Mabel Mercer– que siguieron manteniendo en su repertorio títulos olvidados de los años 20 y 30. La canción llegó a ser programada -y cantada por Betty Garrett– para un biopic dedicado a Rodgers y Hart (Words and Music, 1948) que contó de nuevo con la presencia de Rooney y Garland, entre muchos otros artistas, pero fue finalmente eliminada del metraje definitivo. De este modo, el debut cinematográfico se retrasó hasta el año 1955, en el que se convirtió en el tema central de la película Gentlemen marry Brunettes (Will Friedwald, Stardust Melodies: The Biography of Twelve of America’s Most Popular Songs, 2002).

El ascenso de “My funny Valentine” fue meteórico desde mediados de los años 50, gracias artistas como Chet Baker, Ella Fitzgerald o Miles Davis, que la convirtieron en uno de los standards de jazz más apreciados durante las décadas sucesivas, aunque de ello hablaremos en otro artículo.

Análisis de la canción “My funny Valentine”

La canción tiene lugar después de que Val (Valentine) haya montado una pequeña escena de celos a su novia Billie. Ésta, a solas, reflexiona acerca del significado de su conducta y de su creciente amor por Val.

Behold the way
our fine feathered friend,
his virtue doth parade
thou knowest not,
my dim-witted friend
the picture thou hast made.
Thy vacant brow,
and thy tousled hair
conceal thy good intent,
thou noble upright
truthful sincere,
and slightly dopey gent.
*
Fíjate cómo presume
de virtud
nuestro elegante amigo.
¡No eres consciente,
amigo de pocas luces,
de la escena que has montado!
Tu ceño hueco
y tu pelo revuelto
han revelado tus intenciones,
así como tu caballerosidad,
tu sincera nobleza…
y tu ingenuidad.
*
You’re my funny Valentine,
sweet comic valentine,
you make me smile with my heart.
Your looks are laughable,
un-photographable,
yet, you’re my favorite work of art.
Is your figure less than Greek?
Is your mouth a little weak?
When you open it to speak, are you smart?
But, don’t change a hair for me,
not if you care for me.
Stay little Valentine, stay!
Each day is Valentine’s Day.
*
Eres mi gracioso,
dulce y cómico Valentín,
me haces sonreír de corazón…
Con tu aspecto risible,
anti fotogénico,
eres mi obra de arte favorita.
¿Es tu porte, casi griego?
¿es tu torpe balbuceo?
Y cuando abres la boca ¿es para bien?
Pero no cambies ni un pelo por mí,
y, si de veras te importo,
¡quédate conmigo, Valentín!
¡Todos los días son San Valentín!
*

“My funny Valentine” constituye el número diez de la partitura. Es una canción para voz media femenina en La menor y compás de 4/4 que consta de una breve introducción orquestal (cc.1-4), una estrofa introductoria (cc.5-20) y un estribillo (o refrain) de 36 compases que se repite con tacet vocal en sus compases iniciales (ocho, según la edición Chapell, dieciséis según la grabaciones incluidas en la fonografía).

La estrofa introductoria presenta la forma AABA de 32 compases (en este caso, de 16 compases) habitual en la canción popular estadounidense de este periodo. La parte vocal está apenas doblada por el corno inglés, aunque está puntuada en las cuatro semicadencias por una misteriosa y luminosa orquestación, con celesta, frullati de flauta y trémolos de violines.

El estribillo presenta la forma AABA de 32 compases habitual en la canción popular estadounidense de este periodo, pero exhibe también tres cualidades que la distinguen de este modelo. Por un lado, el sutil sistema de transposiciones que distingue cada uno de los tres versos (el segundo verso es una transposición diatónica de tercera superior del primer verso). Por otro, la elaboración del verso final, que no solo combina las transposiciones de los dos primeros versos, sino que se extiende hasta los 12 compases (de lo que resulta una estructura de 36 compases). Y, finalmente, por concluir en Do mayor, que no es la tonalidad inicial, sino la del puente.

Estructura de la canción "My funny Valentine" de Richard Rodgers.

Estructura de la canción “My funny Valentine” de Richard Rodgers.

PARTITURA PARA PIANO/DIRECTOR

Vídeos y audiciones recomendados

Richard Rodgers – Babes in arms – nº10 “My funny Valentine” [1937]. Partitura vocal (reducción para piano) y videoanálisis. Versión del álbum Rodgers & Hart: Songs from the Shows (1989, EMI). Ambrosian Chorus, London Symphony Orchestra. John McGlinn (director), Frederica von Stade (mezzosoprano). La partitura está transportada a Si menor.

Richard Rodgers – Babes in arms – nº10 “My funny Valentine” [1937]. Representación teatral.

Hal McIntyre, con Ruth Gaylor (vocalista) – “My funny Valentine” [1945].

Lee Wiley en el film Gentlemen marry brunettes – “My funny Valentine” [1954].

Jane Russell en el film Gentlemen marry brunettes – “My funny Valentine” [1955].

Ella Fitzgerald en el álbum Ella Fitzgerald sings the Rodgers and Hart Songbook – “My funny Valentine” [1956].

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