Un Kyrie de Rossini (y varios fraudes musicológicos)

El “Adagio” de Albinoni [1], el “Ave Maria” de Caccini [2] o las piezas para violín de compositores antiguos –Boccherini, Porpora, Martini, Couperin o Pugnani, entre otros muchos– “desempolvadas” por el virtuoso Fritz Kreisler [3] a principios del siglo XX pertenecen a esa inefable categoría musical de obras apócrifas que han alcanzado una notabilísima proyección gracias al insospechado encaje entre el afán defraudador de sus autores y la afición del gran público por el kitsch de anticuario. Hasta el extremo de que algunas de ellas se hayan convertido para el aficionado poco informado –incluyendo a menudo a sus intérpretes– en la única obra conocida de “su” autor.

En este artículo trazaremos un breve recorrido histórico de estos fraudes musicológicos que se remonta a los orígenes de la musicología francesa moderna, y su imbricación con los movimientos románticos de renovación de la música litúrgica, entre los que podemos incluir la singular Pequeña Misa Solemne [1863] de Rossini.

El caso Stradella

Estas piezas, que hacen de la extemporaneidad todo un ejercicio de filibusterismo musical puesto al servicio de una ingenua fascinación por un pasado idealizado, forman parte de una tradición que hunde sus raíces en los orígenes mismos de la musicología histórica.

Grabado de Louis Niedermeyer fechado en 1853.

El aria sacra “Pietà, Signore”, atribuida al compositor barroco Alessandro Stradella (1639-1682), llevada al disco en tiempos recientes por figuras como Enrico Caruso, Luciano Pavarotti o Andrea Bocelli, fue compuesta en realidad por Louis Niedermeyer (1802-1861), fundador en 1853 de la École Niedermeyer de París, institución dedicada a la enseñanza, promoción y renovación de la música sacra de su tiempo de acuerdo con los modelos clásicos. Entre ellos, de Palestrina, con cuya música se familiarizó el joven Niedermeyer a través de los profesores Fioravanti en Roma y Zingarelli en Nápoles con ocasión de su viaje a Italia en 1819.

La “fama” de Stradella en el siglo XIX se nutre, sin duda, de su novelesca biografía –que culmina nada menos que con su homicidio–, y tuvo un elocuente antecedente con la composición de un aria apócrifa de François-Joseph Fétis, “padre” de la musicología francesa, y su presentación pública en un concierto parisino en 1833. Tras este curioso debut, Stradella fue titular de una grand opéra del propio Niedermeyer estrenada en 1837 –sin conexión con el aria “Pietà, Signore”– así como de sendas óperas de Franck y Flotow estrenadas en 1841 y 1844, respectivamente.


El irresistible encanto (comercial) del kitsch de anticuario

Lo más llamativo de estas piezas apócrifas es que sus autores son, en todos los casos, musicólogos o personalidades que se destacaron por la exhumación y recuperación de la música antigua. Todas ellas han sido, además, interpretadas por algunos de los más grandes intérpretes de varias generaciones.

Louis Niedermeyer – “Pietà, Signore” de Stradella [ca.1845]. Esta aria sacra ha sido interpretada (y llevada al disco) por algunos de los más grandes tenores del siglo XX, desde Enrico Caruso hasta José Carreras y Luciano Pavarotti.

Remo Giazotto – “Adagio en Sol menor” de Albinoni [1945/1958]. Desde su registro fonográfico por I Musici en 1961, esta obra ha sido llevada al disco por directores de orquesta como Herbert von Karajan, Raymond Leppard o Neville Marriner.

Vladimir Vavilov – “Ave Maria” de Caccini [1970]. La grabación de esta obra por la mezzo soviética Irina Arjipova en 1987 supuso su despegue mediático. Desde entonces ha sido grabada por Andrea Bocelli, Sumi Jo y Elīna Garanča, entre otros muchos artistas.

Renacimiento palestriniano y patronazgo rossiniano

Grabado de Giovanni Pierluigi da Palestrina, legendario compositor de la capilla papal del siglo XVI a quien la tradición reconoce como “salvador” de la polifonía sacra.

El renacimiento palestriniano del siglo XIX se sostuvo en gran medida en viejos mitos, renovados gracias a la monografía publicada por Giuseppe Baini en 1828, exaltados por Victor Hugo –quien situó al compositor romano como patriarca de la música occidental, padre de la armonía, así como antecesor de Gluck, Mozart y Beethoven, en su poema “Puissant Palestrina, vieux maître, vieux génie“– y latentes aún en obras como la ópera Palestrina [1917] de Hans Pfitzner.

Pero a diferencia de Stradella, la fama de Palestrina vino acompañada de una intensa labor editorial (e interpretativa), primero a través de una amplia selección musical publicada por Pietro Alfieri [4] durante los años 1840, y después con la edición completa –Gesamtausgabe– a cargo de Franz Xaver Haberl (1862-1903).

Los lazos juveniles de Niedermeyer con la música italiana no terminan en Palestrina, sino que se extienden hasta el mismísimo Gioachino Rossini, quien utilizó su influencia para hacer posible el estreno en 1820 de su primer proyecto operístico –Il reo per amore–, y que siguió apoyando en París al joven compositor [5] hasta que éste, desanimado por el fracaso de su ópera La Fronde [1853], abandonó definitivamente la música dramática por la litúrgica.

El “Christe eleison” de la Petite Messe Solennelle de Rossini [1863]

Detalle del inicio del “Christe eleison” de la Pequeña Misa Solemne de Rossini, con la indicación de compás (tempus perfectum cum proportio dupla).

El vínculo profesional de Rossini con el malogrado operista suizo explica, quizá en parte, el sorprendente guiño presente en su Petite Messe Sollennelle de 1863 [6], obra que tiende puentes, gracias a su inusual, exigua y antirromántica orquestación (solistas, coro, piano y armonio), con los neoclasicistas de primera mitad del siglo XX, pero también con el bel canto (“Domine Deus”), con Bach (Preludio religioso [y fuga]) o con el mismo Palestrina.

El “Christe eleison”, un Andantino moderato en Do menor, 22 compases a cappella escritos en una arcaizante indicación del compás (tempus perfectum cum proportio dupla, equiparado en la edición impresa a un 4/2). Inserto entre dos Kyries –éstos sí con acompañamiento de piano y armonio coloreados con progresiones cromáticas propias de la era romántica–, el “Christe” evoca una fugaz reliquia sonora, en su trazo melódico, su textura imitativa y en el estricto tratamiento de la disonancia deudores del modelo palestriniano, estilísticamente enlazado con el resto del número mediante un singular acorde de séptima disminuida situado poco antes del final, como calculada (y doble) extemporaneidad que trasciende tanto el kitsch de anticuario como el ejercicio musicológico, para renacer, simple y llanamente, como arte de su tiempo.

Bibliografía

Duckles, Vincent y otros: “Musicology”, en Grove Music Online. Oxford Music Online. Oxford University Press (última consulta: noviembre de 2017)

Ferchault, Guy y Gachet, Jacqueline: “Niedermeyer, Louis”, en Grove Music OnlineOxford Music OnlineOxford University Press

Haberl, Dieter: “Haberl, Franz Xaver”, en Grove Music Online. Oxford Music Online. Oxford University Press

Lattes, Sergio: “Baini, Giuseppe”, en Grove Music Online. Oxford Music Online. Oxford University Press. Web (última consulta: noviembre de 2017)

Libby, Dennis y otros: “Alfieri, Pietro”, en Grove Music Online. Oxford Music Online. Oxford University Press (última consulta: noviembre de 2017)

Lockwood, Lewis, y otros: “Palestrina, Giovanni Pierluigi da”, en Grove Music Online. Oxford Music Online. Oxford University Press (última consulta: noviembre de 2017)

[1] En realidad, una composición del musicólogo italiano Remo Giazotto publicada en 1958.

[2] En realidad, una composición del guitarrista y compositor ruso Vladimir Vavilov estrenada en el disco en 1970.

[3] No menos de dieciséis composiciones publicadas entre 1910 y 1938.

[4] Raccolta di Musica Sacra (Roma, 1841–6).

[5] Niedermeyer adaptó asimismo la música de La donna del lago del compositor de Pesaro para Robert Bruce, de 1846.

[6] Gioachino Rossini, Gioachino: Messe Solennelle, ed, de Ricordi (Milán: Ricordi, 1869), pp.1-20.

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