opera

Parsifal. El loco puro y el amor secreto

ParsifalEn 1887, sólo cinco años después de su estreno, Nietzsche se preguntaba en La genealogía de la moral “¿qué le importaba a Wagner aquella varonil (ay, tan poco varonil) ‘candidez campesina’, aquel pobre diablo, aquel agreste muchacho llamado Parsifal?”. Desde entonces, no han sido pocas las voces que han señalado –con indisimulada malignidad– la ambigüedad sexual que envuelve este controvertido título.

Los numerosos cabos sueltos en torno a esta cuestión nos permiten plantear al lector la pregunta anterior de otro modo: ¿Pudo realmente concebir Wagner un Parsifal gay?

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Las tres muertes de Tristán

tristan-e-isoldaEl siglo de las revoluciones –industriales, políticas y científicas– fue también el siglo de los sifilíticos, los artistas dementes, los consumidores de opio y de la nostalgia por todo aquello que permitiera liberar la fantasía del yugo de la razón, del destino histórico de las naciones y de la ley de la oferta y la demanda.

Del mismo modo que aumenta el vértigo con la altura, las nuevas cotas materiales y espirituales alcanzadas por una civilización europea en su apogeo alumbraron soterradas formas de disidencia artística que encontraron su consuelo (o su refugio) a través de los paraísos artificiales, la inmersión en el lado oscuro de la mente o el retrato de los aspectos más sombríos de la realidad.

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El Arte y la Revolución. El anillo del nibelungo y sus estratos

Nibelung1Pocos han descrito mejor que Alexis de Tocqueville el trauma provocado por los movimientos revolucionarios que sacudieron Europa en 1848: “La sociedad estaba partida en dos, los que no tenían nada y permanecían unidos en la envidia y los que tenían algo y permanecían unidos en el terror” (Recuerdos de la Revolución de 1848, 1893). El año que vio nacer el Manifiesto comunista de Karl Marx fue también el de la redacción del poema La muerte de Sigfrido, germen del proyecto musical más ambicioso de la historia hasta entonces, la tetralogía El anillo del nibelungo.

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Las voces del Romanticismo olvidado

hugonotesLa Revolución de julio de 1830 convirtió a París en la capital del Romanticismo europeo. La monarquía parlamentaria de Luis Felipe de Orleans liquidaba de forma irreversible el Antiguo Régimen en Francia y hacía de su capital el refugio europeo de las libertades por cuyas calles y salones desfilaban artistasde todas las naciones como Delacroix o Daumier en la pintura, Stendhal, Hugo o Balzac en la literatura, y Liszt, Chopin o Bellini en la música. El presente artículo toma Los hugonotes de Giacomo Meyerbeer – epítome y piedra angular del género-, subtitulado en castellano para la ocasión, como excusa para el acercamiento a este denostado género.
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