El siglo XX y la era del sonido

UNIDAD 24 – El Impresionismo musical (ca.1890-1925)

Tras varias décadas de búsqueda, el final del siglo XIX asistió finalmente a la síntesis de una identidad musical francesa (ver Unidad 22) capaz de rivalizar en prestigio y modernidad con la tradición germánica poswagneriana sin imitarla. Esta síntesis -a la que se bautizará bautizará Impresionismo por analogía con el movimiento pictórico– pondrá en entredicho algunas de las bases conceptuales -armonía, textura, forma musical, etc.- más firmes de la música occidental. De este cuestionamiento resultará, en primer lugar, una revolución estilística de la que derivará una profusión de tendencias y líneas de experimentación musical cuyos ecos resonarán a lo largo de todo el siglo XX.

UNIDAD 25 – Del Verismo al Neoclasicismo

Tras la unificación italiana -consumada en 1870 con la conquista de Roma y la anexión de los Estados Pontificios– el joven estado debió enfrentarse a una realidad conformada por enormes desigualdades territoriales y sustentada en una sociedad mayoritariamente agraria cuya principal alternativa a la pobreza consistió en emigrar masivamente al continente americano. Es entonces cuando se desarrollará un movimiento literario de corte naturalista -el verismo– que denunciará la pobreza y el atraso del campesinado italiano.

UNIDAD 26 – Expresionismo y atonalidad

A principios del siglo XX, dos estados germánicos antitéticos dominaban amplios sectores de la ciencia y la cultura europeas: el joven Imperio alemán fundado en 1871 y el anciano Imperio Austrohúngaro -heredero político del Sacro Imperio Romano Germánico medieval-. El rápido posicionamiento del Imperio alemán como potencia industrial y militar a escala mundial generó una sociedad próspera y confiada tanto en la superioridad de su cultura y como en la necesidad histórica del progreso. En estas circunstancias, un grupo de músicos vieneses liderados por Arnold Schönberg provocará una de las revoluciones más atrevidas del siglo XX: la ruptura radical con el sistema tonal o atonalidad.

UNIDAD 27 – Nacionalismo y modernismo en el siglo XX

Los Nacionalismos musicales de la primera mitad del siglo XX encontrarán dos rasgos que les diferenciarán sustancialmente de las escuelas nacionales del siglo anterior. Por un lado, partirán de un conocimiento más profundo y riguroso de las fuentes folclóricas originales. En segundo lugar, la ruptura del sistema tonal tradicional -vía Impresionismo o Expresionismo– liberará una nueva actitud menos sumisa ante las corrientes internacionales: Así, si los nacionalismos del XIX -con la excepción notable del ruso- adaptaron sus rasgos distintivos a las convenciones de las corrientes internacionales, las nuevas formas de nacionalismo musical tenderán a convertir estos rasgos distintivos en modelos, contrariando dichas convenciones si fuera necesario.

UNIDAD 28 – Música y política en el Período de Entreguerras

El Período de entreguerras (1918-39) estuvo marcado en Europa por dos circunstancias políticas: Por un lado, una radical redefinición del mapa de Europa y Oriente Medio tras la I Guerra Mundial, que conllevó -entre otros- el colapso de tres imperios centenarios como el Austrohúngaro, el Ruso y el Turco; y por otro, la radicalización extrema de la política en torno al bolchevismo prosoviético y a los diferentes movimientos fascistas surgidos con el propósito de combatirlo desde la violencia. Tras la prosperidad económica de los felices años 20, los estragos provocados a escala mundial por la Gran Depresión (1929) exacerbarían dichas tensiones facilitando el ascenso del nazismo en Alemania (1933) y abocando al continente a la II Guerra Mundial.

UNIDAD 29 – El dodecafonismo y la utopía de la música absoluta

Tras varios años de silencio creativo -y una Guerra Mundial– Arnold Schönberg estrenó en 1924 su Serenata op.24, una obra que ponía en práctica una técnica de composición completamente nueva y autosuficiente que el compositor había desarrollado en un secreto casi absoluto y que -según sus propias palabras- estaba llamado a remplazar al sistema tonal en un par de décadas: el dodecafonismo. Pese a lo singular y atrevido que pueda parecer este paso, no fue el único intento de refundación y/o sistematización del lenguaje musical occidental realizado por aquél entonces. De hecho, dicho gesto puede inscribirse en un movimiento mucho más amplio dentro de las vanguardias musicales de entreguerras y participado también por buena parte de los estilos neoclásicos (ver Unidad 28), consistente en transferir a los nuevos lenguajes la solidez prestada antaño por el sistema tonal y las grandes formas musicales del pasado.

UNIDAD 30 – Modernismo y Realismo socialista en la URSS

El ascenso al poder de los bolcheviques de Lenin tras la Revolución de Octubre de 1917 abrió en Rusia un periodo convulso pero cargado de esperanzas. Durante el periodo posrevolucionario, la necesidad de los bolcheviques de buscar alianzas dentro de la sociedad rusa condujo en 1921 a un retorno parcial a la economía de mercado que, unido a una serie de reformas -agraria, alfabetización- reactivó la economía propiciando un renacimiento cultural en las grandes ciudades. El giro dado a la economía planificada en 1928, así como el desencadenamiento del terror a partir de la Gran Purga de 1936, señalaron un drástico cambio de rumbo en la Unión Soviética que tendría también un decisivo efecto en el terreno artístico y musical.

UNIDAD 31 – La música durante la Guerra fría

La segunda mitad del siglo XX ha vivido un acelerado ocaso de lo que, en la Introducción a esta Historia de la Música, habíamos denominado Segunda Edad de la música occidental: Es decir, de la música compuesta y transmitida por medio de la notación, basada en la división del trabajo entre compositor e intérprete y entendida como un canon de compositores alineados en torno a un único destino. La expansión planetaria de los mass media, la diversificación de los medios de producción y distribución de la música y la consiguiente democratización de la cultura tendrán un impacto demoledor en las estructuras sociomusicales que habían sustentado los escenarios musicales tradicionales -teatros, salas de concierto-, que se deslizarán lenta pero inexorablemente desde una posición de centralidad cultural a regiones cada vez más periféricas.

UNIDAD 32 – La música en la era de los mass media

Las décadas que sucedieron a la II Guerra Mundial fueron -aparte de los años de la Guerra Fría, tal como los hemos visto en la Unidad 31– el periodo de florecimiento en el Primer Mundo de la sociedad de consumo y del estado del bienestar. Una época cuyos avances técnicos y transformaciones sociales tendrán un efecto espectacular en la democratización del acceso a la música, así como en la expansión y/o nacimiento de nuevas modalidades musicales –jazzrockdisco, etc.- conectadas con los nuevos gustos y resultantes directas de dichas transformaciones. La sobreproducción musical ligada a las nuevas facilidades tecnológicas creará también las condiciones para una masificación y banalización acelerada de la música, de consecuencias difíciles de valorar todavía hoy en día. Sometida a las leyes de la economía de mercado, la música se convertirá también en un mero objeto de consumo, privado de toda autonomía artística y sometido a intereses puramente comerciales.

UNIDAD 33 – La era del sonido

La caída del muro de Berlin [1989] y la sustitución de las ideologías clásicas por el pragmatismo individualista característico del pensamiento débil o posmoderno, unida a la crisis económica de 2008, han puesto de manifiesto el progresivo y silencioso deterioro de las bases sociales que habían sustentado la música clásica durante la segunda mitad del siglo XX. De forma imperceptible, la sociedad se había ido distanciando de ella -de la música, pero también de sus escenarios y sus valores- asimilando poco a poco nociones propias de la música como entretenimiento. Entre ellas, la valoración de la música según criterios de estricta rentabilidad y éxito empresarial. La acentuación de la dependencia de la música actual -incluso de sus valores- con respecto a las tecnologías del sonido –mass media incluidas- no hace sino complicar aún más cualquier tipo de previsiones en torno al futuro de la música en el siglo XXI.

 

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