Unidad 30 – La primera revolución del sonido: la música popular y el jazz

La música del siglo XX está marcada por los importantes cambios tecnológicos asociados al registro, procesamiento y distribución del sonido, que afectarán profundamente la producción musical y sacudirán los ecosistemas sociales y culturales implicados. Una revolución de consecuencias tan profundas como las tuvo en su día la adopción de la notación musical, y que diluirá el protagonismo del “compositor” en beneficio de otros actores, como el “intérprete” (especialmente, el intérprete-improvisador) o el soporte (fonográfico, radiodifusión, cine sonoro, televisión, etc.).

Dividiremos esta revolución en dos etapas: a lo largo de esta unidad trataremos la primera revolución del sonido, relacionada con la globalización de las tradiciones musicales locales y el nacimiento de un mercado masivo a través de tecnologías como el disco, la radio, el cine sonoro o la televisión. La segunda revolución del sonido, relacionada con la aplicación de las nuevas tecnologías a la producción musical a través de la electrificación, la edición o la síntesis sonora por medios analógicos o digitales, será abordada en la Unidad 33.

El nacimiento del fonógrafo, la radio y el cine sonoro

El tenor Enrico Caruso, una de las primeras grandes figuras musicales de la nueva cultura de masas, fotografiado junto a un piano.

La invención del fonógrafo en 1870 y del gramófono en 1887 dieron inicio a una carrera tecnológica que permitió el desarrollo de una pujante industria fonográfica. Hacia el cambio de siglo, esta industria alcanzaba un volumen de ventas de unos tres millones de discos de pizarra en los EEUU, solo el principio de una primera edad de oro del disco que se extendería durante las tres décadas siguientes, hasta que la radio -y posteriormente la Gran Depresión de 1929– forzaran un significativo retroceso. El disco encontró algunas de sus primeras estrellas en cantantes líricos como el tenor Enrico Caruso -quien entre 1902 y 1920 realizó unas 260 grabaciones-, pero también dio cabida a fenómenos (hasta entonces) locales como el flamenco o el jazz, cuyos registros comerciales más antiguos se remontan a 1898 (Niño de Cabra y el Canario chico) y 1917 (Original Dixieland Jazz Band), respectivamente.

La primera retransmisión radiofónica comercial [1910] -consistente en diversos números de Cavalleria rusticana y Pagliacci desde el Metropolitan Opera House de Nueva York- (protagonizada también por Enrico Caruso), constituirá un importante hito en este nuevo ámbito. Pero fue el triodo (dispositivo utilizado para la amplificación de la señal en los receptores) el resorte que hizo posible el despegue comercial de la radio y la proliferación de transmisiones regulares en América y Europa a partir de 1920.

Durante su edad de oro (1920-50), la radiodifusión comercial estuvo dirigida a un público familiar y dio cabida a géneros muy diversos: noticias, radioteatro, seriales, retransmisiones musicales y deportivas, etc. Hasta la introducción de la cinta magnetofónica en la industria radiofónica (a partir de 1946, en un popular programa de Bing Crosby), y debido a la insuficiente calidad sonora del gramófono, las transmisiones musicales a través de la radio se efectuaron “en vivo”, de modo que la parrilla musical consistió principalmente en retransmisiones en directo (generalmente de ópera y conciertos) así como programas de variedades y concursos de talentos en los que tuvieron cabida las nuevas estrellas de la canción popularorquestas de baile, entre otros.

El cine sonoro -inaugurado con la primera exhibición comercial en 1927 de El cantor de jazz– convertido en un fenómeno global ya en la década de 1930, encontró pronto en el género musical uno de sus principales filones, y se reveló como un eficacísimo medio de promoción para el nuevo star-system de cantantes (o cantantes-bailarines) como Fred Astaire y Judy Garland en los EEUU o Imperio Argentina y Concha Piquer en España.


El teatro musical como antesala de la canción popular

El teatro lírico siguió constituyendo uno de los vectores principales de la música de consumo de la primera mitad del siglo XX, especialmente a través de la popularidad de cantantes líricos como Enrico CarusoRichard Tauber o Beniamino Gigli, que les permitió trasladar el gran público los últimos grandes éxitos de la ópera, la opereta, o la canzone napoletana.

Desde el nacimiento de la opereta satírica a partir de los Bufos Parisinos de Jacques Offenbach, el sexo constituyó uno de los principales alicientes del teatro musical hasta su progresivo salto al ámbito de la canción popular a través de espacios como los espectáculos de variedades, los salones-teatro y géneros como el burlesque, el cabaret o el cuplé, y cuyas temáticas rozaron lo pornográfico, especialmente a partir de la última década del siglo XIX.

El musical es una forma de teatro musical específicamente anglosajona originado como una adaptación de la opereta europea en el ámbito cultural estadounidense. El género alcanzó su primera edad de oro en los años 20 gracias a la obra de compositores como Irving Berlin, Cole Porter o George Gershwin.

La canción napolitana. La canción napolitana se llama así por utilizar el dialecto napolitano. Este género popular urbano se difundió gracias a la partitura impresa y se interpretó en salones, hoteles, cafés cantantes y en las calles de Nápoles. “‘O sole mio”. Los artistas italoamericanos llevaron este género a los EEUU, desde donde alcanzo difusión internacional.

De la opereta al cuplé. Desde el can-can al reguetón, la música ha sido utilizada como soporte para el erotismo y la pornografía. Este vídeo incluye los nombres de La Fornarina y Marlene Dietrich, pasando por La corte del faraón de Vicente Lleó (LEER MÁS).

El musical de Broadway. El musical de Broadway alcanzó su primera Edad de Oro durante las décadas de 1920-30, y proporcionó la base del repertorio del American Songbook así como reputados estándares de jazz.




La canción y el nuevo star system de la cultura popular

Editores de partituras del Tin Pan Alley en el neoyorquino distrito de Manhattan, epicentro de la canción popular norteamericana hasta los años 1950.

La canción popular se había desarrollado de forma específica a lo largo del siglo XIX según los cauces que hemos entrevisto en la Unidad 20, apoyada en el mercado de la música impresa y animada desde los locales de ocio urbano por medio de artistas de cabaré, music-hall, café cantante y similares. Esta industria recibió un gran impulso hacia el cambio de siglo gracias a la creciente efectividad de los derechos de autor (en España, la Sociedad de Autores, posteriormente SGAE, se fundó en 1899 por diversas personalidades ligadas al ámbito de la zarzuela) y a su alianza con los nuevos medios de comunicación de masas como el disco o, posteriormente, la radio, sin olvidar el medio impreso, pujante aún durante al menos las tres primeras décadas del siglo.

La canción popular de principios del siglo XX presenta un marcado carácter local. En muchos casos, la canción popular hereda los códigos y el estilo del teatro musical coterráneo, manteniendo sus rasgos nacionales o planteando una acción dramática en miniatura, adaptándolos de diversos modos a las nuevas circunstancias en aspectos como la extensión (tres o cuatro minutos, como la duración de un disco de 78 rpm) o la emisión vocal (más natural y cercana gracias a las sucesivas mejoras técnicas del micrófono entre las décadas de 1920-30).

El éxito de la canción popular como formato privilegiado para la difusión musical en la nueva cultura de masas y la eclosión de un nuevo star-system centrado en ella supone también una radical alteración de las jerarquías sociomusicales en favor del artista-intérprete frente al compositor, cuyo reconocimiento es, normalmente, mucho menor. Esto es así debido a la enorme proyección pública alcanzada por el intérprete gracias a los nuevos medios, que en el caso del compositor está ligada (y a menudo limitada) a la partitura escrita y a los créditos y derechos de autor.

Asimismo, la canción popular encarna un nuevo concepto abierto de “obra”: aspectos fundamentales de la misma (tonalidad, estructura, arreglos, etc.) son adaptados a las cualidades particulares de cada intérprete (como hemos puesto de manifiesto en el contraste entre las versiones en vídeo y audio del apartado siguiente), situando así este género en una zona colindante con la tradición oral.


La canción popular y sus nuevos divos

El tango es un género de baile originado en el Río de la Plata con raíces afroamericanas, hispanas y cubanas. A comienzos del siglo XX había alcanzado ya notoriedad en la música impresa y la fonografía local, alumbró las primeras formas de tango-canción y dio el salto (como baile) a Europa y los EEUU.

El cuplé se desarrolló durante la última década del siglo XIX en las salas españolas de music-hall. De tono marcadamente seudopornográfico, el cuplé derivó en subgéneros más respetables (como la copla andaluza) concomitantes con la zarzuela del momento.

La denominada canción francesa es un género desarrollado en las salas francesas de cabaré y music-hall de los años 1920, e internacionalizada tempranamente por Maurice Chevalier. Tras la II Guerra Mundial, la chanson francesa fue adoptada por una nueva generación de letristas y cantautores que enriquecieron su lenguaje poético como una vía de distinción de la música comercial proveniente de los EEUU.

Carlos Gardel – “Por una cabeza” [1935], por Carlos Gardel (en Tango bar, 1935). Gardel, figura central en la evolución del tango como compositor e intérprete, alcanzó el estrellato internacional gracias al aprovechamiento de las posibilidades que le brindó el disco, la radio y el cine sonoro entre las décadas de 1920-30.

La copla andaluza. Entre los subgéneros y derivaciones del cuplé, la copla, de carácter andaluz y con reminiscencias flamencas, es el que ha desarrollado una trayectoria duradera. Apadrinada por el cine sonoro, se convirtió en el género de canción dominante de la posguerra española.

Marguerite Monnot – “La vie en rose” [1945], por Edith Piaf (concierto en 1954). Piaf, cantante y letrista de algunas de sus más célebres canciones, fue considerada la “gran dama” de este género. Monnot cedió los derechos de este tema de su autoría a un tercero, al creerlo de poco valor artístico y comercial.


Juan Mostazo – “La falsa moneda” [1936], por Concha Buika (en Niña de fuego, 2008).

Marguerite Monnot – “La vie en rose” [1945], por Grace Jones (en Portfolio, 1977).

El jazz y el arte de la improvisación

Duke Ellington y su orquesta en el Cotton Club neoyorquino en una foto de los años 30.

Entre los estilos y prácticas locales activados gracias a los nuevos medios de comunicación, el jazz ocupa un lugar destacado por muy variadas razones, entre ellas su destacada difusión internacional y prolongada vigencia, su influencia en la música popular del siglo XX, y por el hecho de explotar el arte de la improvisación con más osadía e intensidad que ningún otro nuevo estilo. En el caso del jazz, los nuevos medios de difusión -especialmente, el disco- jugarán un papel decisivo también en la evolución de un lenguaje que, por su naturaleza improvisatoria, requiere medios sonoros -la partitura no es un medio ni adecuado ni suficiente- para su conocimiento efectivo. El aprendizaje del jazz por medio del “estudio” de las grabaciones constituirá así una de las bases de una nueva tradición aural surgida a partir del registro sonoro.

Nacido en Nueva Orleans hacia finales del siglo XIX a partir de la mezcla de elementos populares y folclóricos (marchas militares, ragtime, blues, espirituales, etc.) y tamizados por la sensibilidad de músicos afroamericanos y criollos de ascendencia francesa, se extendió a lo largo de los años 20 a los clubes de las grandes ciudades estadounidenses como Chicago o Nueva York, donde empezó a ser practicado también por músicos blancos hasta ocupar el mainstream de la música popular norteamericana que decaería durante los años 50 en favor de nuevos estilos juveniles como el rhythm and blues y el rock and roll.

La centralidad el jazz durante las décadas de 1920-50 es equívoca debido a la polisemia del término jazz: “la era del jazz” engloba una constelación de músicas populares estadounidenses con ciertos patrones comunes (ritmos sincopados, swing), muchas de las cuales son músicas con limitada o nula influencia del blues y sin apenas espacio para la improvisación, pero que interactuaron en ambas direcciones y con variable intensidad con el jazz improvisado. El tipo de música que muchos europeos (incluidos compositores) adoptarán como una forma más de modernidad y exotismo cultural.

El jazz en sentido restringido -improvisado, influido por el blues y más osado en términos musicales- ocupó una posición relativamente marginal y circunscrita a unos pocos grandes centros urbanos, como quedó de manifiesto tras la pobre acogida en los estados del interior de Benny Goodman -el rey del swing– y su orquesta durante el célebre tour estadounidense realizado en el año 1935.

Hacia mediados de los años 40, el jazz será reconocido como un importante estandarte cultural de la comunidad afroamericana, que lo explotará -a través de estilos como el bebop– con una mayor conciencia artística, diferenciándose de la música de consumo por vía de la complejidad, reivindicándose como música pura (no como música de baile), y desplazando las composiciones de música popular de artistas blancos de su repertorio en favor de composiciones propias.


Tres momentos del jazz: de Nueva Orleans al bop

Las cronologías del jazz establecen una secuencia de periodos estilísticos desde los orígenes hasta la II Guerra Mundial (para los posteriores, véase la Unidad 33). El jazz clásico arranca con el estilo “hot de Nueva Orleans (también denominado de forma equívoca dixieland), vigente entre las décadas de 1890-1920 y exportado a las ciudades de Chicago y Nueva York, representado por artistas como Louis Armstrong (trompeta) o Sidney Bechet (clarinete) y, en sus manifestaciones más comerciales, por orquestas como la de Paul Whiteman.

La era del swing (décadas de 1930-50) estuvo dominada por las grandes orquestas de baile (big bands) como las de Duke Ellington (piano) o Count Basie (piano) y, en sus manifestaciones más comerciales, de Benny Goodman (clarinete) y Glenn Miller (trombón). La era del swing cedió el protagonismo a los cantantes en los 50 (jazz vocal), como Billie Holliday y Ella Fitzgerald y, en el ámbito comercial, por Frank Sinatra o Nat King Cole.

El jazz moderno arranca en la década de 1940 con el bop (o bebop). Se trata de un estilo relativamente marginal dentro de los circuitos comerciales y presidido por un afán técnico e innovador en el ámbito de la armonía y la improvisación. El movimiento fue liderado por músicos como Charlie Parker (saxo alto), Thelonious Monk (piano) o Dizzy Gillespie (trompeta).

Los orígenes del jazz. El estilo dixie, originario de Nueva Orleans y exportado posteriormente a Chicago y Nueva York, se caracteriza por la improvisación colectiva (generalmente por parte de la trompeta, el trombón y el clarinete) sobre una base armónico-rítmica en estilo de ragtime o de blues.

La era del swing. El swing es el estilo de las big bands de los años 1930-40 y de los grandes crooners durante unas décadas más. También define un periodo de la historia del jazz, en el caso de los músicos que primaron la improvisación sobre la repetición literal de los temas.

Del bebop al jazz modal. El bebop ha constituido el núcleo del canon jazzístico hasta nuestros días, y es la matriz de la que derivaron subestilos característicos de la década de 1950 como el cool jazz, el hard bop o el jazz modal.

Harry Akst – “Dinah” [1925] (grabación en disco de laca de Louis Armstrong and His Hot Five, 1930).



12 comentarios

  1. Que curioso, no sabía que Strauss uso melodía del “Foniculí foniculá” y que fue demandado por ello y condenado a pagar derechos de autor! Ni tampoco que la “Tarantella” fue transcrita por Liszt en una de sus obras.

    Me ha llamado la atención el desplazamiento del reconocimiento del compositor a favor del artista-intérprete. Situación inevitable por la aparición de los medios de masas. ¿Quizá fue este el momento en el que comenzó la “industrialización” de la música y a verse más como un negocio lucrativo en vez de arte? Por supuesto siempre detrás de un esfuerzo y un trabajo uno puede tener expectativas económicas, pero mi impresión es que en los últimos tiempos se ha intercambiado el negocio por el arte. Y hoy en día creo que ha supuesto un declive en la música más popular y más escuchada en lo referente a creatividad artística (se ha avanzado muchísimo en tecnología y en calidad de sonido, eso sí). Por supuesto siempre hay excepciones y hay al menos un público más minoritario interesado por el arte, que para entenderlo hay que invertir mas tiempo que dinero.

    Me ha gustado mucho el apartado “El Jazz y el arte de la improvisación”. Ciertamente lo que lo distingue de las músicas populares de la época es que es música no para bailarla, sino para escucharla, y que usa la improvisación como máxima expresión del artista.

  2. La primera gran revolución de la tecnología sonora y de grabación así como la irrupción del jazz, nos conectan directamente con sus pioneros. El ‘Star System’ creado por la difusión masiva que supuso el mercado del disco, instala la infraestructura de esta primera industria musical de masas que, aunque ha evolucionado muchísimo, se asemeja bastante a la que conocemos hoy día. Me llama la atención como el jazz parece seguir un patrón inverso a las corrientes estudiadas anteriormente. Surge como fusión de distintos estilos (folclore afroamericano y tradición centroeuropea) y culturas (todas las que poblaban el sur de los Estados Unidos) casi de manera espontánea. Su desarrollo y popularidad en décadas posteriores hacen que una parte esencial se escinda, como reivindicación de un patrimonio afroamericano propio y evoluciona hacia la sofisticación, a través de la improvisación, experimentación e innovación, hasta que más tarde establecen, los propios músicos intérpretes, los cánones para su estudio. ¿No es acaso esto casi lo opuesto a lo que venía sucediendo en siglos anteriores? Al hilo del comentario de Rodri sobre la tradición aural (la desconocía por completo) he llegado a tu artículo sobre los Cánones Musicales, muy recomendable para ser enlazado con esta unidad. Me ha sorprendido muchísimo y me resulta realmente interesante descubrir cómo se produce esta evolución y se sientan los patrones para el estudio de músicas más contemporáneas como el jazz o el rock. Seguiré leyendo acerca de esto porque de momento no me da tiempo a más.

    1. No es lo opuesto a lo ocurrido en siglos anteriores. En todos ellos, los cánones se establecen después de unas cuantas décadas de experimentación. En cuanto a la auralidad, las tres eras de la historia de la música occidental pueden resumirse así: tradiciones orales, tradiciones escritas y tradiciones aurales. La tradición aural es un campo de estudio muy activo en musicología desde hace algún tiempo.

  3. ¡Una unidad muy gratificante al oído! Si es que al final tanta chapa jazzera acaba calando…jaja
    Quería preguntarte: los discos de 78rpm obligaron a adaptar las obras a extensiones comprendidas entre los tres y cuatro minutos, pero ¿es de aquí de donde proviene la duración estándar de la canción pop contemporánea?
    También quería señalar brevemente el concepto de “tradición aural”. Inconscientemente siempre había asociado el jazz a la tradición oral, pero por lo que explicas tiene mucho más sentido esta dinámica.
    Y por último, ¡abro debate! Cuando estudié Historia del Jazz en Nueva Zelanda, leí un ensayo de un académico que, partiendo de tres “estilos” musicales diferentes, señalaba que las “obras de arte” asociadas a ellos son de distinta naturaleza: en música clásica la obra de arte sería la pieza escrita, la partitura por así decirlo; en el rock, las grabaciones; y en el jazz sería el propio concierto en directo…¿qué opinas?

    ¡Saludos!

    P.d.: Benja, si estás leyendo esto, anímate y escríbete unas líneas ;)

    1. Sobre las duraciones de las canciones, los 78 rpm establecieron una referencia, desde luego, pero creo que en la música comercial no habría cambiado mucho la extensión de las canciones sin los 78 rpm, la demostración es que con la llegada del LP las canciones no se alargaron mucho más, y en ello influyó sobre todo la radiofórmula, que históricamente impuso vetos a las canciones demasiado largas porque resultaban disuasorias y poco amistosas con la publicidad.
      El tema de la tradición aural está siendo muy estudiado en musicología. Mi blog se titula Las tres edades de la música occidental precisamente por esa razón: tradición oral, tradición escrita y tradición aural.
      El ensayo neozelandés va en una dirección cercana, aunque en términos de auralidad el rock y el jazz están prácticamente en el mismo bando.

  4. Buenas tardes Rafa,
    La verdad ha sido una lectura bastante amena y entretenida, ya que es algo más actual. Suelo escuchar bastante la radio, y me ha interesado y sorprendido bastante leer sobre las primeras transmisiones de radio.
    He encontrado muchas similitudes de la industria musical de la época con la actual, como lo es por ejemplo la importancia del cantante sobre la del compositor, o la estructura de las obras más modernas.
    El jazz me gusta bastante, y me ha sorprendido que tuviera influencias de marchas militares. Leyendo esta unidad he aprendido a diferenciar con más facilidad los diferentes estilos de jazz, y hay alguna canción que escucharé más de una vez.

    Un saludo,
    Emma

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